poda de mantenimiento

Cómo realizar una poda de mantenimiento

La poda de mantenimiento es una técnica de jardinería que tiene como objetivo eliminar todo aquello que estorbe, o que tenga mal aspecto en la planta. Algunos ejemplos son ramas secas, o aquellas que se topen con los cables de la luz, molesten el paso de la gente, las ramas rotas o que corren riesgo de romperse, rebrotes que salgan a la altura de la base, etc. Esta poda de mantenimiento se realiza periódicamente, una o varias veces al año, dependiendo de la especie y el crecimiento de la planta. De esta manera, se mantiene la salud, el vigor y la forma de la planta, se favorece su floración o su producción, y se previenen problemas futuros. 

La poda de mantenimiento no es obligatoria, pero tiene grandes beneficios cuando se desea una planta más sana, bonita y productiva. Sin embargo, también implica algunos riesgos, como el estrés para la planta, la posibilidad de enfermedades o la pérdida de tiempo. Por eso, es importante realizarla correctamente, siguiendo unos pasos y unos criterios adecuados.

¿Cuándo se realiza la poda de mantenimiento?

El momento más adecuado para realizar la poda de mantenimiento depende de la especie de la planta y del objetivo que se persiga. En general, se recomienda hacerla cuando la planta está en reposo o en plena actividad. Esto varía según el tipo de planta:

  • En los árboles y arbustos de hoja caduca, la poda de mantenimiento se suele realizar en invierno, cuando la planta está sin hojas. Esto facilita la visión de la estructura y evita el sangrado de la savia. Sin embargo, si el objetivo es favorecer la floración o la producción de frutos, se debe tener en cuenta el momento en que se forma el botón floral. Si este se forma en las ramas del año anterior (como en el caso del cerezo o el ciruelo), se debe podar después de la floración. Si este se forma en las ramas del mismo año (como en el caso del manzano o el peral), se debe podar antes de la brotación.
  • En los árboles y arbustos de hoja perenne, la poda de mantenimiento es mejor realizarla a partir de la primavera, cuando las temperaturas son agradables y la planta está activa. Idealmente, se debe aprovechar la parada vegetativa del verano, cuando la planta ha terminado su primera fase de crecimiento. Sin embargo, si el objetivo es favorecer la floración o la producción de frutos, se debe tener en cuenta el momento en que se forma el botón floral. Si este se forma en las ramas del año anterior (como en el caso del olivo o el naranjo), se debe podar después de la cosecha. Si este se forma en las ramas del mismo año (como en el caso del limonero o el laurel), se debe podar antes de la floración.
  • En las plantas herbáceas o semileñosas (como las flores o las hortalizas), la poda de mantenimiento se suele realizar durante todo el ciclo vegetativo. Esto implica eliminar las flores marchitas, los frutos maduros, las hojas secas o dañadas, los tallos débiles o enfermos, etc. De esta manera, se estimula el crecimiento y la floración continuos, se evita el agotamiento y el envejecimiento prematuro, y se previene el contagio de plagas o enfermedades.

¿Cuándo se poda?

La regla básica es podar lo mínimo imprescindible, ya que todo corte supone una herida para la planta y una pérdida de energía. En la poda de mantenimiento no es diferente. Para lograr podar lo menos posible, es necesario conocer el hábito de crecimiento de la planta y cómo responderá después de la intervención. Como esto no siempre se conoce, es necesario fijar un límite. Nunca se debe podar más de un 25% de la copa, es decir, del conjunto de ramas y hojas.
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La poda de mantenimiento debe adecuarse a cada especie y a cada ejemplar, por lo que no hay una única forma de hacerla. Sin embargo, hay algunos pasos y criterios comunes que se pueden seguir:

  1. El primer paso consiste en eliminar las ramas rotas, enfermas, moribundas o muertas. Estas ramas no solo restan vigor a la planta, sino que también pueden ser focos de infección o plagas. Puedes usar herramientas pequeñas y manejables, como unas buenas tijeras podadoras, que te facilitarán el acceso a todas las ramas.
  2. El segundo paso consiste en eliminar las ramas que estorben o que tengan mal aspecto. Estas ramas pueden ser las que estén demasiado juntas, las que crezcan hacia el interior, las que sean demasiado largas o desproporcionadas, las que se crucen entre sí, las que tengan un ángulo muy cerrado con el tronco (menor de 45º), las que tengan defectos, etc. Para ello, deberás usar herramientas robustas y que te faciliten la poda de ramas de mayor porte, como una podadora manual o eléctrica, dependiendo del presupuesto que quieras dedicar en la tarea y al esfuerzo que quieras (o puedas) emplear.
  3. El tercer paso consiste en realizar los cortes correctamente. Los cortes deben ser limpios, sin desgarros ni astillas, y deben hacerse lo más cerca posible del tronco o de la rama principal, pero sin dañar el cuello o el collar, que son las zonas donde se produce la cicatrización. No se deben dejar muñones ni ramas cortadas a medias, ya que esto dificulta la curación y favorece la entrada de patógenos. Tampoco se deben aplicar pastas o pinturas sobre las heridas, ya que esto retrasa la cicatrización y puede provocar podredumbre. Puedes leer el artículo que dedicamos a los cuidados que se deben aplicar tras la poda a árboles y arbustos aquí.

La poda de mantenimiento es una técnica de jardinería que tiene como objetivo eliminar todo aquello que estorbe, o que tenga mal aspecto en la planta. Se realiza periódicamente, una o varias veces al año, dependiendo de la especie y el objetivo que se persiga. De esta manera, se mantiene la salud, el vigor y la forma de la planta, se favorece su floración o su producción, y se previenen problemas futuros. Es importante realizarla correctamente, siguiendo unos pasos y unos criterios adecuados, y respetando el hábito de crecimiento y las necesidades de cada especie. 

Si quieres conocer otros tipos de poda necesarios para tu jardín, puedes consultarlos todos en este artículo que puedes leer aquí.